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Editores colombianos independientes



Jueves 26 de junio de 2008
Cambio Colombia / Cultura


EN UN PANORAMA editorial cada día más concentrado en manos de empresas españolas dueñas de grandes medios de comunicación, resulta sorprendente la dinámica de las editoriales independientes en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali, Manizales, Cartagena y Calarcá, y el hecho de que 27 de ellas se hayan reunido en la Red de Editoriales Independientes Colombianas, REIC, no solo para hacerle contrapeso a las más grandes, sino para ofrecer opciones distintas.

El reto es grande y eso lo tienen claro los quijotes que están detrás y quienes, gracias a una iniciativa del Ministerio de Cultura, reciben un curso en la Fundación Corona sobre cómo administrar el negocio. "Las realidades de las editoriales son muy disparejas y por eso la mejor manera de hacer visible el trabajo de las editoriales colombianas es uniéndose", dice Gustavo Mauricio García, presidente de la Red y dueño de Icono Editores. Así como en el Fondo de Cultura Económica de México hay una sección exclusivamente dedicada a las editoriales independientes, la idea de la Red es hacer lo propio: participar en todas las ferias, hacer parte de los proveedores del Estado para la red de bibliotecas y lograr que las librerías los tengan en cuenta.

La filosofía detrás de las editoriales independientes, que no son necesariamente pequeñas como se cree pues entre ellas figuran, por ejemplo, Anagrama y Tusquets, se basa en el derecho a la bibliodiversidad. Así lo destacó en la pasada Feria del Libro el presidente de la Alianza de Editores Independientes, Thierry Quinquenton, quien se refirió a la necesidad de romper el monopolio de las ideas y del pensamiento impuesto por las grandes casas editoras.

Defender el libro como patrimonio cultural es la tarea que se ha impuesto la Red, que ya tiene un catálogo con 300 títulos: desde investigaciones científicas y ensayos, hasta antologías de poesía, novelas y libros de arte. El paso a seguir es profesionalizar los procesos de edición y romper el cuello de botella de la distribución, pues de nada sirve que las publicaciones sean de calidad si el público no tiene acceso a ello. CAMBIO habló con algunos editores independientes que están haciendo un esfuerzo por llegar al público con libros de nicho.

PLUMA DE MOMPOX, CARTAGENA

Luis Augusto Vacca decidió hace ocho años montar en Cartagena una editorial. Una iniciativa "romántica y quimérica" -según sus palabras- que se estrelló por los bajísimos índices de lectura en la Costa Caribe. Sin embargo, dispuesto a demostrar que hacer libros en provincia era posible, siguió adelante e hizo primero una recopilación de crónicas del cordobés Gustavo Tatis y luego publicó una novela del neurólogo Pedro Covo, que fueron muy bien recibidas.

Fueron la primera piedra de una aventura orientada hacia publicaciones de corte histórico e investigaciones científicas de autores de la región, como el Diccionario de la lengua palenquera-español, de Solmery Cásseres Estrada.

La más reciente publicación es una investigación sobre los aportes de la religión bantú y el evangelio en África y América en los siglos XVI al XVIII, de Cyriaque Akomo. Cual "cirquero", como se define Vacca, va de pueblo en pueblo llevando libros que no superan los 25.000 pesos. "El editor es el que arriesga dinero y tiempo en una idea y eso es lo que hacemos -dice-. Y la gente los está comprando".

LA IGUANA CIEGA, BARRANQUILLA

Samuel Minski, reconocido melómano, cultivador de las artes, dibujante y empresario ligado a la industria litográfica, está detrás de esta editorial que nació hace tres años con la idea de impulsar la investigación y la producción de libros que dejaran testimonio de las múltiples y variadas expresiones culturales de la Costa Caribe. Libros de poesía, investigación histórica, arte, tradición oral, antropología cultural urbana y música.

Hasta el momento, la editorial ha publicado 14 libros, entre los cuales destacan Nelson Pinedo, el almirante del ritmo, de Fausto Pérez Villarreal; Jazz en Colombia, de Enrique Muñoz Vélez, y Barrio Abajo, de Andrés Salcedo.

LA SILUETA, BOGOTÁ

Hace 10 años, dos artistas, Juan Pablo Fajardo y Andrés Fresneda, montaron una empresa de diseño gráfico que se especializó en catálogos de arte y señalización museográfica. Y aunque siguen haciéndolo, hace un año decidieron incursionar en el mundo editorial con un objetivo que Fajardo define como "hacer el mundo que quisiéramos que existiera, con los libros que quisiéramos leer": libros de arte, diseño gráfico, fotografía y arquitectura, intervenidos por artistas que los convierten en únicos y cuyo lanzamiento puede incluir la exhibición de las placas en una galería o una exposición itinerante. Actualmente trabajan en un proyecto llamado F:otoTK, una serie de libros de fotografía.

Como la distribución es un cuello de botella, usan canales diferentes para llegarle a su público, como Internet para vender en línea o un programa de venta de tres títulos ya publicados por 150.000 pesos, o de cinco libros, dos de los cuales están en proceso, por 290.000, con el incentivo adicional de que uno será intervenido para hacerlo único.

CUADERNOS NEGROS, CALARCÁ

Desde hace dos años en la capital del Quindío existe el 'Centro de investigación y difusión del minicuento Lauro Zavala', dirigido por una joven de 22 años, Leidy Bernal, apasionada de este género poco difundido por las grandes editoriales, quien decidió meter sus ahorros en un "proyecto romántico" que busca hacer rentable. Quiere crear el fondo editorial de los quindianos. Ha publicado 23 títulos de cuento, ensayo y poesía, con tirajes de entre 500 y 1.000 ejemplares, al módico precio de 7.000 pesos.

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