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Forget the Film, watch the Titles


'Olvídate de la película, mira los títulos!, es el grito de guerra de un proyecto del colectivo holandés Submarine Channel, que tiene una página web alrededor del mundo audiovisual y el diseño gráfico.

Desde Submarine Channel y desde otros ámbitos surgen iniciativas que reivindican esas joyas de creatividad, concisión e introducción en el clima de la película que son unos buenos títulos de crédito. «Un comienzo original y creativo logra meterse al público en el bolsillo, crear un estado de disposición favorable hacia la película, si consigue impactar en los segundos iniciales», ha escrito Roberto Gamonal, profesor de Comunicación Audiovisual de la Complutense.

«Los títulos de crédito son la tarjeta de visita de la película», considera Unai Guerra, diseñador gráfico audiovisual que desde la productora Irusoin realizó los títulos de crédito del documental Lucio, primer producto made in Euskadi recogido en la selección internacional de Submarine. Desde el mes pasado puede verse en su web y la pieza será incluída en el próximo DVD que lance el colectivo con la recopilación de lo que consideran los mejores títulos de crédito cinematográficos del año.

Sin embargo, resulta impensable intentar especializarse aquí en la realización de títulos de crédito. «Aunque hay bastante producción audiovisual, por lo general no se da valor a las cartas de crédito y o bien se suprimen, superponiéndolas a las escenas iniciales de la película, o bien se realizan piezas modestas de bajo presupuesto. Y cuando hay presupuesto, resulta que se van a hacer los títulos de crédito a Madrid».
Nombres en el olvido

«Aunque resulte paradójico, la relación entre el diseño gráfico y la imagen en movimiento es tan antigua como lo es el cine. Los títulos de crédito casi siempre fueron obra de diseñadores gráficos, fuese cual fuese su denominación laboral. Desde los inicios, los cineastas primero y los estudios después, contaron con 'rotulistas', 'dibujantes', 'artesanos' y otras 'especies' que diseñaron los títulos con diligencia, novedad y estilo. La gran mayoría de ellos eran desconocidos o sus nombres cayeron en el olvido y lo único que queda de ello es... Uncredited».

Así empiezan los catalanes Gemma Solana y Antonio Boneu Uncredited. Diseño gráfico y títulos de crédito, el único libro publicado en castellano sobre las aperturas de las películas, editado por Index Book y ahora agotado. Con el «uncredited» destacan la autoría desconocida de muchos títulos de la historia del cine.

Las introducciones que informan creativamente del equipo artístico y técnico de cada película tienen sus agujeros negros, sus créditos no acreditados, pero también sus estrellas. Por ejemplo, si preguntamos a Unai Guerra por sus autores de títulos preferidos le salen de seguido tres de los más reconocidos: «Saul Bass, en todos sus trabajos, Maurice Binder, como creador de las cartas de crédito de la saga 007, y Kyle Cooper, que con Seven revalorizó los títulos de crédito y marcó un antes y un después».

El escritor francés Georges Perec describía así el estado de exaltación de los personajes de su novela Las cosas: «Se decían a veces que la vida que llevarían tendría la gracia, la soltura de las comedias americanas, de los créditos de Saul Bass». El neoyorquino, además de poner imágenes a los felices 60, pasa por ser el responsable de la revolución y casi invención de los títulos de crédito como muchísimo más que la sucesión de nombres del reparto.

«Simbolizar y sintetizar la película entera en muy pocos minutos» era el objetivo de Saul Bass. Procedente del diseño gráfico, no sólo se dio cuenta del poder de los títulos de crédito sino de la necesidad de integrar el cartel y la presentación conformando lo que hoy denominaríamos como la imagen corporativa de la película. Fallecido en 1996, Bass dejó trabajos magistrales junto a grandes cineastas, como Preminger (El hombre del brazo de oro o Anatomía de un asesinato), Hitchcock (Vértigo o Psicosis, de cuya famosa escena de la ducha hay quien le considera responsable) y Scorsese (Casino).

Hoy en día, las aperturas cinematográficas oscilan entre lo espartano -esas letras blancas, en tipografía Trajan, sobre fondo negro y música de jazz que utiliza Woody Allen en todas sus películas- y las joyas del diseño tipográfico o visual, a veces con hechuras de perfectos cortometrajes o videoclips.

Hay quien, como Roberto Gamonal, pide una categoría para premiar los mejores títulos de crédito en los Oscars, algo que ya existe en los televisivos Emmy (ganó Dexter en la última edición) y quien apunta que tras los créditos de apertura de las películas, ha llegado el turno de innovar los finales. En todo caso, ser puntuales y quedarse hasta el final de la proyección suele proporcionar más de una sorpresa.

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