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Buenos Aires Vive efervescencia en diseño

Más que una moda fue un verdadero movimiento que ha servido a muchos argentinos a superar la crisis económica que se desató en ese país a finales de 2001, lo que contribuyó a que Buenos Aires fuera designada por la UNESCO como Ciudad del Diseño dentro de su programa de Ciudades Creativas, donde por ejemplo, Berlín fue designada como Ciudad de la Música, y Edimburgo Ciudad de la Literatura.

La propuesta fue impulsada por Adrian Liebendiker, director del Centro Metropolitano de Diseño, y tuvo que ver con el hecho de que a raíz de la crisis económica del país, la explosión de diseño fue tal, que esta industria soft, como se le denomina, se convirtió en uno de los segmentos más importantes del Producto Interno Bruto de la ciudad.

Un elemento nodal en esto fue la creación del Centro Metropolitano de Diseño, que en sólo cinco años ha logrado convertirse en eje de una política de Estado, que se refleja, por ejemplo, en que el gobierno de Buenos Aires ha rediseñado totalmente su imagen para apoyar a este sector, es decir, hay todo un cambio en la folletería que se genera en los anuncios publicitarios de los programas de gobierno, en la pintura de los vehículos oficiales, los señalamientos en la vía pública y en el cambio del mobiliario urbano que se hará este 2006.

Por si fuera poco, se impulsa una ley que reglamentará el uso de la publicidad urbana, lo que modificará la ciudad y dejará visibles las fachadas de muchos edificios.

De hecho, para cualquier peatón que transita por las calles de Buenos Aires, que se asoma a los aparadores y mira los amueblados de cafés y restaurantes, se hace evidente que hay una elegancia, un diseño cuidado en los espacios. Hay que decir también que en materia de diseño hay muchos estratos en la capital argentina, desde los diseñadores sin fama o autodidactas que se multiplicaron a raíz de la crisis y que venden sus objetos, ropas y muebles en las plazas y los bares y cafés del barrio Viejo Palermo durante los fines de semana, hasta las tiendas de lujo de Alto Palermo o el centro comercial de exclusivos negocios de decoración a un costado del Centro Cultural Recoleta.

El arquitecto Andrés Ferrari, profesor de la Facultad de Arquitectura y Diseño, y la alumna Victoria Wimer, comentan que Argentina es el país occidental con mayor número de estudiantes de diseño y arquitectura, lo cual se hace visible en esta, la mayor y más importante escuela de la materia en el país, en una de cuyas plantas hay un pequeño pero fascinante espacio con maquetas de los edificios paradigmáticos de la arquitectura mundial.

En esta escuela se concede prioridad al concepto, a la idea del arquitecto o el diseñador, más que a hacer una apuesta vacía hacia lo formal, hacia formas espectaculares pero carentes de funcionalidad como muchos arquitectos posmodernos o contemporáneos están realizando alrededor del orbe.

Cabe acotar que desde mediados de los 80, la Universidad decidió darle un gran impulso al diseño, a raíz de que muchos maestros habían estado desarrollando muy fuertemente la materia a nivel de posgrado. Entre los pioneros hay que destacar a Tomás Maldonado, quien además llegaría a ser director de la ULM en Alemania, que es como decir la Bauhaus pero en diseño, no en arquitectura, y que desde los 60 impulsó el posgrado y también la traducción de muchos clásicos de esta materia del alemán y el francés al español. De hecho, muchos de los textos clásicos de personajes como Moholy Nagy, Gropius o Le Corbusier, pudieron ser leídos en Latinoamérica gracias a las ediciones argentinas.

El Museo de Arquitectura también tiene un ciclo casi permanente de charlas con despachos de arquitectos y diseñadores o mesas redondas sobre periodismo especializado. Sin embargo, como se consigna antes, el eje de toda esta intensa dinámica es el Centro Metropolitano de Diseño de Buenos Aires, que pertenece al gobierno de la ciudad y aunque sólo tiene cinco años de existencia, su crecimiento y actividad han sido vertiginosos.

Al respecto, Carlos Blanco destaca que el nacimiento de carreras de diseño a nivel de licenciatura en la UBA generó una masa crítica de profesionales y una presión hacia el estado para fomentar esa industria.

Es Blanco quien sostuvo que la crisis económica que ha vivido el país en los últimos años, diversificó el diseño, obligó a los diseñadores a producir diseños en busca de recursos y a utilizar materiales no pensados. "Nosotros apenas arrancábamos como centro pero impulsamos el uso de materiales reciclados para que la cadena creciera y además de los diseñadores se vieran beneficiadas las clases más desprotegidas y desposeídas, que se convirtieron en pepenadores de la noche a la mañana".

Relata que a partir del vínculo con ONG y cooperativas de cartoneros, surgieron muebles hechos con plásticos y otras materias de deshecho.

Explica Blanco que una vez superada la parte más demandante de la crisis, se generó un programa que es único en el mundo: el de incubadoras de proyectos, en el que pequeñas empresas o despachos que buscan desarrollar un negocio, concursan con sus carpetas para que durante dos años se les proporcione un local, insumos y asesoría técnica y en materia de comercialización y hasta legal. Se apoyan proyectos de diseño gráfico, diseño de software, diseño industrial, diseño artesanal, diseño de moda, etcétera.

Destaca el proyecto de juegos para computadora. Una empresa de juguetes argentina, que comercializó un juego de bloques para hacer construcciones, parecido al lego, desarrolló junto con un equipo que surgió de los programas del centro, un programa gracias al cual el niño diseña en computadora el edificio o el puente o la granja que quiere hacer con sus legos. Con los planos computarizados puede después construir el modelo en la realidad. Es decir, los bloques van acompañados con un disco para diseñar casas, castillos o lo que se le ocurra al pequeño.

Se cuenta también con un proyecto editorial que en año y medio ha producido más de cuarenta libros, todos en relación a teoría del diseño o temas de diseño gráfico, textil o industrial.

Con esta diversidad de esfuerzos y ahora con el reconocimiento concedido por UNESCO, Buenos Aires apuesta a tener una proyección internacional, intercambio de conocimiento con diseñadores del mundo, canales de comercialización más amplios para los productos y los servicios de diseñadores argentinos

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