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Mostrar al mundo un “México moderno”, la consigna para el diseño de imagen de la Olimpiada México 68



A unos días de cumplirse 40 años del inicio de los Juegos Olímpicos, la muestra México 68: identidad olímpica en el Museo de Arte Moderno, presenta una revisión del esfuerzo para transformar la visión que se tenía del país enmarcada en su folclor y subdesarrollo, para encauzarla a una imagen moderna y de crecimiento.

Con base en el op art y los equipos formados por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y la diseñadora Beatrice Trueblood, se produjeron elementos que presentaron esa visión de la nación.

Después de 40 años, el Museo de Arte Moderno lleva a cabo la muestra —hasta el 26 de octubre—. En ella se pueden conocer los elementos más significativos que en materia de comunicación editorial, diseño gráfico, diseño urbano, ambientación de espacios, exhibiciones, vestuarios y productos conmemorativos elaborados entre 1966 y 1968.

La misión era presentar a México como un país moderno y dejar la imagen del charro y el indio sentado bajo un árbol.

El arquitecto Pedro Ramírez Vázquez asumió el reto en 1966 y reunió un equipo de profesionales -nacionales y extranjeros- que diseñó mobiliario urbano y se produjeron tres elementos de identificación de sedes para tal evento deportivo: globos, judas y el logotipo México ‘68 en tercera dimensión.

También se pueden ver boletines, cartas, reseñas deportivas, programas deportivos y culturales, carteles promocionales para eventos culturales y deportivos, calcomanías, timbres postales, catálogos de arte, guías de galerías, mapas, invitaciones y papelería especial.

Estos y otros artículos fueron diseñados por más de 200 profesionales, entre editores, escritores, traductores, fotógrafos, diseñadores, correctores de estilo, impresores, productores e investigadores, quienes formaron parte del Departamento de Publicaciones a cargo de Beatrice Trueblood.

El concepto de diseño integral se desarrolló bajo el Programa de Identidad, mientras que todos los artículos diseñados podían ser adquiridos por el público a manera de souvenir.

Todos los motivos publicitarios y ornamentales de la fiesta olímpica fueron retomados por la ciudadanía para decorar casas, negocios, mercados y lo que diera su imaginación.

Anta la diversa gama de países e idiomas que hicieron presencia durante la XIX olimpiada se generó un sistema visual que funcionó como medio de información internacional, partiendo del diseño del logotipo. Así, se diseñaron una serie de símbolos para cada uno de los eventos deportivos y culturales, así como para los servicios públicos.

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