
10 Ene. 08 / Reforma
La ausencia de Carmen Aristegui de la radio beneficia a intereses muy específicos y perjudica al lánguido pluralismo mexicano
-Incompatibilidad de éticas
La Carmen a la que se refiere esta columna no es la de la ópera de Georges Bizet sino la nuestra, Carmen Aristegui. Y, sin embargo, a semejanza del efecto que originalmente produjo la obra del compositor francés -su realismo escandalizó a los conservadores-, la conductora mexicana de noticias también parece destinada a producir un efecto de irritación entre los conservadores.
Radiópolis, la empresa con la que Carmen Aristegui tenía firmado un contrato, decidió no renovarlo porque el "modelo editorial" manejado por la conductora -un modelo exitoso en términos de audiencia y de ética- chocaba con el que busca imponer ahora el consorcio formado por Televisa y el español Grupo Prisa (editorial Santillana, El País, etcétera). Así, la semana pasada, W Radio acabó con el noticiero Hoy por Hoy no obstante que, como lo subrayara su conductora, "Nos vamos cuando nuestros registros de audiencia eran los más altos".
¿Desde cuándo una empresa radiofónica considera incompatibles sus "modelos" con un buen rating? Una respuesta posible: cuando el éxito de una personalidad fuerte en la difusión y análisis de las noticias choca con la naturaleza histórica de uno de los socios de la empresa -Televisa- y con los proyectos económicos mayores del otro socio, proyectos que requieren el visto bueno de un gobierno que, como el actual, se molesta por el tipo de noticias y análisis que caracterizó a Hoy por Hoy.
Quienes controlan a W Radio no llegaron a explicar la naturaleza de la incompatibilidad del modelo editorial de Carmen con el que ahora seguirán Televisa y su socio español. Sin embargo, un par de cosas son claras. Primero, "el modelo Aristegui" es muy personal, público y bien conocido por quienes a lo largo de los años le han escuchado. Segundo, a Carmen se le ofreció continuar a condición de "aceptar un modelo donde las decisiones editoriales no estuvieran a mi cargo" (Proceso, 6 de enero, 2008), es decir, a condición de que la conductora aportara sólo la forma y la empresa la sustancia.
Cuando La W designe al sustituto de Carmen se podrá constatar la naturaleza del nuevo "modelo" para la selección y el comentario de la información cotidiana. Sin embargo, la ya larga historia de Televisa permite desde ahora suponer las razones de la inadecuación entre un consorcio que históricamente ha estado al servicio de sí mismo y luego del poder en turno y una periodista cuya biografía está caracterizada por la poco común combinación de excelencia profesional con independencia y, sobre todo, por el apego a la ética del periodismo: respeto por la veracidad, oportunidad y contexto de la noticia.
Tampoco es difícil explicar la incompatibilidad entre la línea editorial del equipo de Aristegui y el consorcio español, interesado en lograr acceso directo al poder político, de otra manera no se explica que el periódico de ese grupo -El País- se haya volcado en críticas a Andrés Manuel López Obrador una vez que éste fue declarado perdedor de la elección del 2006 o que posteriormente contratara al cuñado de Felipe Calderón, Juan Ignacio Zavala, en una maniobra que se asemeja al tráfico o, más bien, a la compra de influencias.
-Las campanas vuelven a doblar
Con la desaparición de Hoy por Hoy algunas campanas están volviendo a doblar por una muerte más en el campo de la libre expresión, la crítica y el pluralismo. Obviamente esas campanas no tocan sólo por Carmen y su equipo, sino, sobre todo, por el golpe que los intereses creados, nacionales y extranjeros, le han propinado en el campo de la información masiva al muy débil pluralismo político mexicano.
El acceso a una información cotidiana bien seleccionada y argumentada, presentada con oportunidad, sentido del interés ciudadano y analizada en sus contextos relevantes permite crear y sostener una opinión pública vigorosa y, por ende, capaz de influir en las decisiones y conductas de las instituciones públicas. Sólo adquiriendo un conocimiento detallado y relativamente profundo de los temas políticos y contrastando las interpretaciones sobre los mismos, el ciudadano está en posibilidad de hacer valer sus intereses individuales, de grupo y de clase. Sin esa información y contraste, el valor del sufragio disminuye hasta desaparecer.
En México, más del 60 por ciento del público tiene como única fuente de información una televisión dominada por un duopolio abiertamente parcial en favor de los intereses creados, del statu quo. En el otro extremo está la prensa escrita, donde se encuentran las noticias detalladas y un arco iris de interpretaciones, pero que sólo es consultada por una auténtica minoría. En semejante situación, la radio aparece como el único medio masivo donde un periodismo independiente puede intentar neutralizar la feroz y sistemática parcialidad informativa de la televisión, de ahí la importancia de espacios como el que acaba de cerrarse en W Radio.
Televisa y Televisión Azteca elaboran una gama de noticieros que, históricamente, han estado al servicio de ellas mismas, del gobierno y de los intereses de las grandes concentraciones de capital. Una buena parte de la radio sigue o se somete al modelo dominante en la televisión y apenas un puñado de equipos en ese espacio se han sustraído a esa manipulación. Es dentro de esa minoría que Carmen Aristegui destacó. Y pudo hacerlo desde instalaciones que no le pertenecían -desde Televisa- porque contó con el apoyo de Prisa, dueña de la mitad de las acciones de Radiópolis. Pero ese apoyo se acabó y el grupo español entregó la cabeza de la conductora a quien la había deseado de tiempo atrás: a su socio mexicano, decisión que no debió desagradar a un gobierno cuya base política es débil y se siente amenazado por la información presentada en un contexto independiente y crítico.
-Incompatibilidad
En México no tienen arraigo las posiciones independientes en los medios masivos de información. Sin embargo, y como resultado de la pérdida del monopolio del poder político del PRI y del empuje democrático global, la libertad informativa creció. Ahora bien, la polarización creada a raíz de las elecciones del 2006 y del debilitamiento relativo de la Presidencia y del Estado mismo ha llevado a que tanto "Los Pinos" como los grandes intereses que le respaldan hayan vuelto a ver con interés una vieja política priista: la de limitar las opciones en materia de información masiva.
A Televisa debió de haberle molestado, y mucho, la crítica de Carmen Aristegui al contenido de las leyes de telecomunicaciones y de radio y televisión (la llamada "Ley Televisa") que perpetuaban el duopolio en esa área en detrimento del interés general. La empresa televisiva también debió resentir las razones esgrimidas por la periodista en apoyo a los cambios sustantivos contenidos en el dictamen de la Suprema Corte (SCJN) en torno a la mencionada ley y en apoyo a una reforma electoral que redujo las posibilidades de gasto en televisión de los partidos políticos. A la Iglesia Católica no debió de hacerle mucha gracia la insistencia de Hoy por Hoy en abordar el tema de los curas pederastas. Obviamente, para el gobernador de Puebla el que Carmen sacara al aire su conversación telefónica con el empresario textilero Kamel Nacif fue un duro golpe, pues puso al descubierto la conspiración urdida por ambos personajes para perjudicar a la periodista Lydia Cacho por haber revelado la existencia de redes muy específicas de explotación sexual infantil. El gobierno de Oaxaca tampoco debió de ser indiferente a la cobertura que Carmen dio al conflicto del 2006 en ese estado.
La posición de Hoy por Hoy en torno a la votación mayoritaria en la SCJN que se negó a ver en lo sucedido a la señora Cacho una violación grave a sus garantías debió molestar a la mayoría de los ministros. Al airear las actividades durante el proceso electoral de la empresa de otro cuñado de Felipe Calderón en materia de información con valor electoral, la periodista tocó temas que el PAN hubiera preferido mantener fuera de la atención del público. "Los Pinos" y la Secretaría de la Defensa no debieron ver con buenos ojos el cuestionamiento de Carmen Aristegui en relación con la supuesta agresión de militares de una anciana indígena en Veracruz.
Conclusión
La lista de información presentada en Hoy por Hoy que resultó incómoda para autoridades e intereses económicamente poderosos puede seguir. Y es justamente esa lista la que da la medida en que Aristegui cumplió con el marco ético del periodista. Hoy por hoy, lo que ganan Televisa, Prisa y los intereses a los que ambas sirven al silenciar a Carmen, lo pierde la incierta democracia mexicana.
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Etiquetas: Carmen Aristeguí, libertad de prensa, Lorenzo Meyer, Televisa

Reforma / 10 Ene. 08
En días recientes he pensado mucho en aquel poema de José Emilio Pacheco que dice: "no amo a mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques, desiertos, fortalezas, una ciudad desecha, gris monstruosa, varias figuras de su historia, montañas -y tres o cuatro ríos". José Emilio tiene su lista de lo mejor de México y yo la mía; esa lista que es combustible y motor, estandarte y bandera. Esa enumeración para seguir creyendo que lo difícil se hace con rapidez pero lo imposible toma un poco más de tiempo. Las razones por las cuales vale la pena no perder la fe en este país maltrecho y abandonar la lucha compartida por cambiar su faz. Y entre esos motivos, la sonrisa de Carmen Aristegui.
Esa sonrisa franca, abierta, luminosa, fresca, generosa. La sonrisa de alguien que entiende al periodismo como profesión enraizada en una posición moral. De alguien que mira a México tal como es y no puede evitar juzgarlo. De alguien abocada a construir un país donde también quepan los pobres. De alguien convencida de que la libertad existe, aunque tantos se empeñen en coartarla. Escéptica ante la autoridad, insaciable ante la información, imbuida por las ganas de empujar los límites de lo posible, comprometida con llevar la nota hasta sus últimas consecuencias, defensora del debate en todas sus formas. Empeñada en confrontar al poder con la verdad.
Y obsesionada con llamar a las cosas por su nombre. Marcial Maciel, pederasta. Mario Marín, confabulado. Arturo Montiel, corrupto. Elección del 2006, polarizante. Ley Televisa, vergonzosa. Suprema Corte, inconsistente. Palabras certeras, palabras duras, palabras incómodas. Palabras cuyo objetivo es generar un debate político genuino sobre los temas que afectan el presente y el futuro de México. Palabras necesarias en tiempos como éstos, cuando la corriente corre hacia una suave conformidad. Cuando el disenso se confunde con la subversión. Cuando las creencias de una persona pueden ser motivo de sospecha, como lo advirtió el titán del periodismo Edward R. Murrow ante el advenimiento del macartismo. Cuando desde distintas dependencias del gobierno de Felipe Calderón emanan señales preocupantes de cerrazón y censura, tan parecidas a las de los viejos tiempos. Cuando los espacios públicos se vuelven más homogéneos y por ello menos democráticos.
Lo que le ha ocurrido a Carmen Aristegui la trasciende; su futuro será una prueba para la democracia mexicana y su caso un síntoma de aquello que la aprisiona. La polarización política que aún persiste y que tanto los panistas como los lópezobradoristas se empeñan en perpetuar. Las ofrendas políticas que los medios parecen estar dispuestos a ofrecerle al Presidente y a quienes lo rodean. El servilismo de tantos que se acomodan para quedar bien con Los Pinos y sus habitantes. La falsa ingenuidad de comentaristas que niegan los vericuetos políticos de esta historia. Y los problemas estructurales que todo ello revela: un sistema político que con demasiada frecuencia sigue operando conforme a las prácticas del pasado. Ese pasado hecho presente donde la concentración del poder -político, económico, mediático- lleva a su abuso.
Porque en palabras de E.B. White: "cuando hay muchos dueños, cada uno persiguiendo su propia versión de la verdad, nosotros podemos arribar a la verdad y albergarnos en su luz". Es sólo cuando hay un manojo de dueños que la verdad se vuelve elusiva y la luz palidece, como está ocurriendo hoy y como el caso de Carmen Aristegui ha evidenciado. La concentración mediática en México le da demasiado poder a quienes lo ejercen de mala manera. A la alianza Prisa-Televisa que sacrifica -con criterios poco claros- a una conductora garante del éxito comercial. A los directivos de la W que desmantelan -sin la menor lógica empresarial- a la estación en su momento de mayor éxito. A todos aquellos que argumentan -de forma tramposa- la "incompatibilidad editorial" con una periodista a la cual nunca le aclaran los motivos de la desavenencia. A los que dicen -de manera desinformada o deshonesta- que el despido de Carmen se trata de una decisión corporativa-apolítica, e ignoran las señales acumuladas de que no fue así.
Es un secreto a voces que Felipe Calderón ha criticado y critica a Carmen Aristegui, por lo que debe estar de plácemes ante su salida. Él y otros celebrarán el silenciamiento de la "Comandanta Carmen" y el periodismo militante del cual se le acusa. Pero se equivocarán al hacerlo. Ningún gobierno debe existir sin críticos que acoten su actuación o sin contrapesos que lo contengan. El asunto de Carmen Aristegui revela por qué la estructura de los medios en México es tan disfuncional y debe ser revisada a través de una nueva legislación. Su sacrificio debe ser acicate para la acción y motivo para la reflexión. Porque la voz de Carmen Aristegui provee un apoyo crítico al proceso de construcción democrática. El espacio de Carmen Aristegui es una válvula de escape necesaria ante las presiones sociales que arrecian. El programa de Carmen Aristegui alberga la pluralidad combativa a la cual México debe acostumbrarse. Y bueno, su sonrisa es una razón más para seguir amando a la patria.
Etiquetas: Carmen Aristeguí, Denise Dresser, libertad de prensa, Televisa
5 enero 2008 / La Jornada / Emir Olivares Alonso y Blache Petrich
La periodista Carmen Aristegui a su salida de W Radio, donde la esperaban radioescuchas con pancartas de apoyo a su “labor crítica” Foto: Yazmín Ortega Cortés
Cuando hay una noticia inesperada “se abre naturalmente el vacío. Al pensar en mi propio vacío, recordé un cuento infantil de Uri Shulevitz que se llama Un lunes por la mañana (...) ¿Qué haré el lunes por la mañana? –fue la pregunta–, y en mi caso no tardó mucho la respuesta: haré lo que no he hecho en los últimos años de mi vida, por estar aquí; llevaré al pequeño Emilio a la escuela”, fueron las palabras con que la periodista Carmen Aristegui cerró un ciclo de cinco años de colaboración en W Radio.
Ayer, la periodista informó que por razones de “incompatibilidad” entre los criterios editoriales de su programa informativo y el proyecto que desean encabezar Televisa y Grupo Prisa para la estación no se le renovó el contrato para 2008, por lo que el de ayer fue el último matutino en el que estuvo al frente.
“El modelo editorial que hemos practicado a lo largo de estos años en W Radio es incompatible, en todo caso, con el modelo de noticiario y dirección editorial que la propia empresa ha determinado”, señaló en un mensaje de alrededor de 20 minutos.
Explicó que durante cuatro años, su contrato “se renovaba prácticamente de forma automática”; sin embargo, en diciembre de 2007 los directivos de la W le notificaron que no existía más ese interés, aunque sí se abrió un espacio para discutir la posibilidad de que continuara en la emisora.
“La empresa fue muy clara al comunicarme que buscaría modificar las condiciones contractuales en algunas partes e incorporar cambios en el modelo de dirección editorial, para lo cual se me presentó un documento de observaciones y preocupaciones sobre el manejo en esta materia del noticiario, su conducción y lo que finalmente acabó siendo la dirección de este espacio informativo”.
La comunicadora agregó que aunque ella y su equipo se mantuvieron a la espera de propuestas concretas en las que se expresaran las preocupaciones de la empresa, éstas no fueron presentadas, y el jueves se le notificó de la no renovación del contrato bajo ninguna nueva o actual circunstancia.
Cabe destacar que la línea editorial del informativo de Carmen Aristegui incluyó temas como el conflicto poselectoral de 2006, por las dudas en los resultados que dieron como ganador de la Presidencia a Felipe Calderón; los efectos por la aprobación de la llamada ley Televisa –que permitía la concentración mediática en unas cuantas manos–; el caso Zongolica; los abusos contra Lydia Cacho por el gobernador de Puebla, Mario Marín, y el empresario Kamel Nacif; los procesos judiciales en Estados Unidos contra el cardenal Norberto Rivera por presunto encubrimiento de curas pederastas; el conflicto en Oaxaca y otras violaciones a los derechos humanos. La mayoría de esos temas fue recordada por la comunicadora en su mensaje de despedida.
“Dado que no hubo esa compatibilidad, esa coincidencia precisamente en lo que corresponde a la dirección editorial de este espacio informativo, finalmente se ha decidido lo que aquí ha ocurrido (su salida de la W)”, dijo.
Con la llegada de Daniel Moreno a la dirección de contenidos en W –hombre cercano a Juan Ignacio Zavala, cuñado de Calderón, y a la esposa del ex presidente Vicente Fox, Marta Sahún, y quien, según fuentes de la estación, plantea una centralización de la agenda política de los conductores de noticiarios de la emisora–, un importante grupo de colaboradores de la estación ha decidido salir de la misma.
El primero fue Carlos Loret de Mola, quien al despedirse, en septiembre del año pasado, argumentó que el rediseño de los criterios en la empresa reducía su margen de maniobra. Posteriormente también emprendieron la partida personajes como Ezra Shabot, titular del informativo vespertino, y los ex colaboradores de El Wueso, Salvador Soto y Christián Ahumada, El Duende.
Fuentes de la emisora revelaron que el día en que Loret anunció su salida de W se citó a una junta a la que fueron convocados todos los integrantes del departamento de noticias de la emisora. Ahí, la propia Aristegui –dijeron– aclaró ante todo el equipo que, pese a los rumores que corrían en ese tiempo de su probable salida, ella continuaría en la estación “mientras se mantuviera el espíritu de independencia” y se conservara la tónica de hablar “de lo que duele”.
Asimismo, se informó a este diario que para justificar la salida de la comunicadora, Moreno comenzó a realizar llamadas a varios columnistas y locutores de diversos medios informativos para que hicieran pública la versión de que fue la periodista quien rompió las negociaciones, pues el argumento del directivo es que la empresa le propuso la posibilidad de renovar mes a mes el informativo, a lo cual presuntamente se negó, “porque quería todo o nada”.
Minutos después de las 10 de la mañana, al finalizar la emisión, Aristegui cruzó por última vez la puerta de cristal de la cabina de la W. Ahí recibió el apoyo de un importante grupo de trabajadores de la estación; los aplausos se prolongaron varios minutos, la conductora los recibió conmovida. Inclusive, colaboradores de las estaciones Ke-Buena, Los 40 Principales y Bésame Mucho, que transmiten desde la misma sede, se dieron cita en el lugar para aplaudir la labor de la periodista.
Mientras eso sucedía, afuera de las instalaciones de Televisa Radio, de manera espontánea, una veintena de radioescuchas acudió a mostrar su inconformidad por el fin de las transmisiones de Aristegui. También se cuestionaron qué hacer el lunes por la mañana: “no sabemos qué vamos a hacer ese día, de 6 a 10, sin Carmen; no habrá nadie que llene su espacio”.
Los escuchas llevaban cartulinas en las que redactaron leyendas como: “¡Viva nuestro derecho a la información!”, “¡No nos van a callar, viva la libertad de expresión” y “Carmen, estamos contigo, porque México necesita periodistas valientes y con principios, como tú”.
Alrededor de la una de la tarde, la espera rindió frutos, pues la periodista apareció por la salida y se detuvo para charlar con sus escuchas y agradecerles el apoyo. En esos momentos un grito destacó entre los otros: “Que quede claro, no somos W, somos Aristegui”.



